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No se duerma, chofer

de aricoronel
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La cancha de Argentinos es de fácil acceso. Desde San martín me llevaría el 57. La proeza era tomarlo, esta línea demora mucho, más si es domingo. Por suerte, los planetas se alinearon y a los diez minutos el bondi pasó por la parada.

 

Cuando me dispongo a poner las monedas en la máquina, el chofer me cancela la operación y me llama. Yo no entendía nada. “No pagues boleto y quedate al lado mío que me estoy durmiendo”, me dijo.

 

Mi misión fue conversar con el chofer durante los 20 minutos que duró el viaje. Me contó la tensión que genera manejar semejante bicho, y que cuesta tratar bien a la gente debido a ese estado de constante alerta.

 

Mi amigo temporal me indicó donde bajar. Llegué bien temprano, dos horas antes del partido. En un kiosco compré una gaseosa. Salía 4,50 y pagué con 10. La señora en vez de darme 5,50 me daba 6,50. Le devolví el peso de más, por supuesto. Ya iban dos buenas acciones en el día: la charla al colectivero para que no se duerma y la devolución del vuelto mal dado. ¿Dios se acordaría de eso y haría que San Lorenzo ganara? No.

 

En el acceso a los vestuarios me encontré con un ex profesor de la escuela de periodismo: el señor Roberto Mariani. Un libro abierto de fútbol. Entiende el juego y la preparación de los futbolistas como ninguno.

 

Ya en el hall central del estadio, con algunos colegas jugábamos a adivinar quiénes eran los futbolistas que estaban como imagen en las paredes. La gran mayoría los sabíamos, pero algunos no. Supuestamente era un homenaje al “Semillero del Mundo”, pero algo no me quedó claro: ¿Qué hacía el Balín Bennett ahí? En fin, se ve que tuvieron que rellenar. El hondureño, en todo caso, es Cuervo.

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