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Cuarenta pesos y dos baños químicos

de aricoronel
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Tribuna hasta las manos. Pasillos ocupados de gente. Marea humana bajo un relieve azulgrana. Banderas por doquier. Sí, estamos hablando de San Lorenzo. Lo anteriormente expuesto no es noticia. Afortunadamente, no hay que relatar una crónica trágica, pero bien vale la pena dejar un precedente de lo que quizás, pudo ser…

Un rincón demasiado chico para la grandeza del visitante. San Lorenzo, tercer equipo en venta de entradas en la historia de 1931 a la fecha, merece otro trato. Es especial. Más allá de la calidad de sus hinchas, pasionales, creativos y alegres, su cuidado vale más que los exigentes cuarenta pesos que le quitan de sus bolsillos. Estamos hablando de seres humanos.

Si las autoridades son exigentes para aumentar el precio de las entradas que se denominan “populares” pero cuestan como una platea del teatro Colón, es bueno que los hinchas también tengan derecho a exigir. Es inaudito que un estadio de Primera División cuente con baños químicos para recibir al público, y que la tribuna, a pesar de estar cubierta de cemento, tenga una estructura de hierro vieja, como la que soportaba a los viejos tablones de madera.

Fueron más de tres mil hinchas de San Lorenzo al Bosque, y se ubicaron en un sector que tendría una capacidad para dos mil. La incomodidad fue uno de los comentarios que circuló por un impresentable codo. Cuando el Ciclón los recibe en el Bidegain, les habilita una cabecera íntegra, que comúnmente queda desierta para muchos equipos. Pero la comodidad, con estacionamiento incluido, está garantizada.

Por la ubicación, la organización y las diferentes disposiciones, quizás el treinta por ciento de los hinchas que pagaron cuarenta pesos no pudo ver en condiciones el partido durante los noventa minutos. Alambrados cercanos, y banderas colgadas, obstruían la vista de muchos que, reiteramos, pagaron cuarenta pesos.

Aquellos que de una noche a otra deciden aumentar el valor de las localidades, aconsejamos primero que inspeccionen todos los estadios, para que los mismos cumplan con las necesidades básicas para aquel que decide ir a ver un simple partido de fútbol. Sino, esto huele a robo.

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