En los últimos tiempos los dirigentes del bloque que gobierna el club tuvieron que hablar de algo que no conocen mucho: las divisiones inferiores. Un área de escasa relevancia para ellos ya que a la hora de armar cualquier plantel confiaron ciegamente en jugadores foráneos, varios traídos por la predisposición del grupo inversor. Así vimos vestir la casaca azulgrana a hombres como Placente, Bilos, Juan Manuel Torres, Gastón Aguirre, Aureliano Torres, Bruno Díaz, Lautaro Formica, Morales Neumann, Solari, los hermanos Michael y Emiliano Díaz (¿en donde estarán triunfando?), Santiago Hirsig, Gustavo Campagnuolo, Cristian Leiva, Bordagaray, Bruno Fornaroli, Cristian Ledesma, Gastón Fernández, Evans, Orode, Víctor Meza, Alejandro Gómez, entre varios. A algunos les fue bien y otros (la mayoría) fracasaron, como sucedió por lo general con los refuerzos de la era Savino.
Todo este proceso terminó por desnudar la nula planificación para traer fichajes relevantes, chicos de la cantera que fueron “tapados” y una situación financiera bastante delicada. Por eso, ante una descapitalización en materia de jugadores tan ostensible y con Simeone como entrenador, se decidió cambiar el rumbo y apostar por los juveniles formados en casa. Se subió a primera, entonces, a Nahuel De Vicco, Sebastian González, Axel Juárez, José Palomino, Santiago Prim, Gonzalo Bazan, Gonzalo Rovira, Damian Martínez, Leandro Chaparro y Miguel Bertochi, que fueron algunos de los que tuvieron algo de rodaje.
Por supuesto que San Lorenzo tendría que tener una mayor cantidad, y calidad, de material surgido desde el semillero pero si tenemos en consideración que en los años pasados no se desarrolló ningún política consagrada a las divisiones inferiores (por motivos que ahondaremos en otra columna) hay que caer en la cuenta que esta camada de pibes (nacidos entre los años 92 y 88) es un fruto que hay que valorar, sencillamente porque se trata del patrimonio de la institución. Por ende, no se puede decir “no hay chicos” como vociferó un ex técnico porque se está faltando a la verdad. De hecho, si se analizan las actuaciones que cumplieron los canteranos se puede establecer que no desentonaron cada vez que les tocó jugar.
Mas allá de errores lógicos de cualquier debutante, Axel Juárez cumplió, Bazan mostró sus ganas, Sebastián González dio a conocer su desparpajo y Gonzalo Rovira enseñó con goles su calidad. Lo más llamativo es que no tuvieron la continuidad necesaria para ratificar, o no, sus condiciones. Solamente los vimos un puñado de encuentros, insuficientes para definir si pueden estar a la altura de la primera cuerva. Y sabemos que sin continuidad es casi imposible que un jugador gane en confianza.
Las preguntas, aquí, surgen solas ¿Por qué no existe una real apuesta por los pibes si estos muestran talento? ¿Tanta diferencia hay entre un Juárez y un Leiva? Acaso ¿Da lo mismo que juegue Aureliano Torres o German Voboril? ¿Por qué Simeone se da el gusto de no valorar a un Gonzalo Rovira? ¿Por qué hay tanta distancia entre el discurso y la realidad?
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