Era un partido amistoso de pretemporada, pero los dos entrenadores tenían el mismo objetivo: ganar. Nada importaba cómo juegue su equipo, sino que querían quedarse con el triunfo a cualquier precio. De un lado estaba uno de los técnicos más ganadores del futbol argentino, mientras que del otro lado, había un técnico en busca de revancha ante su ex equipo.
San Lorenzo comenzó mejor el partido, teniendo el dominio de la pelota y generando las situaciones mas clara para convertir. Con su ya consolidada línea de tres y los cuatro volantes, permitía las subidas por las bandas de José San Román y Diego Placente, quien debutó en su segundo ciclo y cumplió un buen papel.
Otro punto destacable fue el comienzo de Fabián Bordagaray. Al igual que frente a Quilmes, el ex Defensa y Justicia arrancó muy enchufado el partido, pero con el correr de los minutos, bajó su performance hasta llegar a pasar inadvertido en el complemento. Sin dudas, Emiliano volvió a complicar al entrenador, quien busca desesperado un delantero goleador. Si bien no tuvo un buen partido, el uruguayo le demuestra partido a partido que puede ocupar esa posición, aunque debe perfeccionar su definición.
Pero también vale remarcar lo negativo. Fueron los últimos 45 minutos, donde no se inquietó el arco de Racing y la Academia tuvo todo para ganarlo. Los dirigidos por Ramón Díaz le cedieron la pelota a su rival, quien se fue agrandando en la cancha y lograron inquietar a Pablo Migliore, quien alternó buenas y malas.
Los minutos pasaban y Racing era muy superior, mientras que el riojano hacia rotar al equipo, con el ingreso de gente fresca. Pasó así de la línea de tres defensores, a una línea de cinco. El ingreso de Sebastian Luna evidenciaba un hombre más en defensa, pero el ingreso de Nelson Benítez tirado como volante mas atrasado, logró que se defendiera con dos hombres más que al comienzo del partido.
La línea de volantes con Torres y López, perdió la mitad de la cancha y por ese sector el local pasaba como quería. Ramón Díaz, se dio cuenta e hizo ingresar a Guillermo Pereyra, quien además de marcar, generó futbol. Por el lado de los delanteros, la aparición en el partido fue nula. Casi no se generaron situaciones de gol. Sólo una se puede contar, en el ingreso de Diego Rivero.
San Lorenzo mostró dos versiones. La del primer tiempo dominando el partido a su antojo y la del segundo tiempo, donde fue superado por un rival que mostró muy poco. Queda claro que la línea de tres defensores es engañosa, porque cuando al equipo lo atacan se suman los volantes por las puntas.
En cuanto a los penales, se puede destacar la buena pegada de todos los que ejecutaron, aun el de Bottinelli, quien ejecutó con potencia cerca del palo. Ahí se destacó Pablo Migliore, atajando el último penal. El examen está aprobado, pero, sin dudas, quedan muchas cosas para corregir.
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