A pesar de que sus iniciales (SL) sean las mismas que San Lorenzo, Saúl Laverni se convirtió en el réferi más antipático e injusto a la hora de dirigir al Ciclón, sobre todo después de aquel famoso partido final con Tigre, en el triangular que definió el Apertura 2008.
Aquella tarde en cancha de Vélez, Laverni no cobró tres penales a favor del equipo dirigido por Miguel Ángel Russo. Uno claro de Islas sobre Bergessio en la primera etapa y dos en la segunda parte: agarrón sobre Lavandina dentro del área y piña del arquero de Tigre sobre Barrientos. Insólitamente, el árbitro expulsó a Islas pero ¡no cobró penal! Luego, San Lorenzo perdería el título por diferencia de gol…
Vaya a saber porqué, el historial con Laverni cambió radicalmente luego del polémico encuentro con el Matador de Victoria. Previo a ese partido, San Lorenzo sumaba cinco triunfos y tres empates con este árbitro. Luego, la estadística dio un giro de 180 grados: dos triunfos, un empate y cinco derrotas.
Por ello, ahora Ramón Díaz y los dirigentes del Ciclón pusieron el grito en el cielo, pidiendo la no designación de este árbitro luego de otra labor que terminó perjudicando a San Lorenzo, como la del último sábado ante Colón. Se estima que desde la Asociación Fútbol Argentino tendrán en cuenta el reclamo, pero el invicto y la punta San Lorenzo ya la perdió en Santa Fe.
Errores clave en un partido clave
Algunos medios de comunicación resaltan el mal arbitraje de Laverni, aunque a su vez critican a San Lorenzo por falta de autocrítica, pero no dicen que el pito condicionó al Ciclón desde el comienzo del partido.
Para acrecentar la crítica sobre San Lorenzo se sustentan en el sistema que empleó Ramón Díaz: jugó con seis volantes y un solo punta, argumentan los comentarios que tienen más charla de café que de análisis de un equipo al que no le sobra nada, y hasta el sábado era único puntero. Pero no dicen que Colón jugó con un punta de más durante 65 minutos, ya que Esteban Fuertes debió ver la roja en la primera etapa.
El Bichi, de considerable trayectoria y experiencia, protestó como un juvenil cuando le cobraron un offside. Pateó la pelota lejos en reclamo a la decisión de Laverni, quien prefirió “advertir” con un consejo. Posteriormente, le dio un codazo a Fernando Meza (para el relator el defensor se golpeó “con el brazo extendido” de Fuertes) y el árbitro amonestó al defensor, cuando debió expulsar al punta, que recién vio la amarilla a cinco minutos del final, cuando el partido estaba prácticamente liquidado.
Más allá de que en el primer gol hay una infracción previa de Fuertes sobre Herner, el partido cambia sin la presencia de su máximo goleador. Y la autocrítica se hubiese realizado igual, más allá del resultado, porque San Lorenzo juega siempre como jugó el sábado. Un poco mejor, igual o un poco peor, pero no le sobra ni le sobrará nada. Está a la vista que el plantel es limitado, por ello Ramón lo considera a su equipo un Falcon.
Para encuadrar una floja tarea, Laverni ni siquiera fue ayudado por sus colaboradores. El asistente primero anuló mal un gol legítimo de Aureliano Torres (para la prensa fue una jugada “muy finita”, cuando la semana pasada en el primer gol parecía que Tula era una lacra humana por estar medio paso adelantado) y claro está, el partido sí era otro, señores. Hubiese gustado ver a ese San Lorenzo, el de un solo delantero, el Falcon duro de moler con un empate en la primera etapa.
Saúl Laverni, sin duda el gráfico más notable de lo que significó el triangular del Apertura 2008. Su pésima performance como árbitro, apuntalada por una notable soberbia, lo ubica como un réferi que condicionó a San Lorenzo para ganar un campeonato hace dos años. Que los antecedentes no se vuelquen al presente y que por favor no dirija nunca más al Ciclón.
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