“El gol del fútbol bien jugado, no se busca: se presenta”, Dante Panzeri
La pelota, tan maltratada últimamente, volverá a rodar. Ella quiere saber cómo será tratada. Tiene miedo que se repita lo que todos vienen viendo. Testigo de la fricción, el vértigo, el negocio turbio y la involución de los entrenadores para ¿evolución? de los preparadores físicos, la pelota quiere amigarse con los jugadores de… ¿fútbol?
Jorge Luis Borges dijo que el fútbol es “feo estéticamente”. El escritor argentino, nulo concurrente a las canchas y gambeteador de este deporte, sostuvo que el fútbol son “once jugadores contra once jugadores corriendo detrás de una pelota”. Sus conceptos son tan despectivos como el trato que hoy día le brindan los profesionales de la redonda a la redonda que, cada vez, es más actor secundario que protagonista en todos los entrenamientos. Aparentemente, el autor de El Aleph mostró saber tanto de letras como de fútbol contemporáneo.
A horas de un nuevo torneo, San Lorenzo tendrá el desafío de mejorar la campaña anterior. No sólo en la estadística, sino también en el juego, el gran ausente en Boedo. Por ello, qué bien le haría al fútbol que:
El hincha deje de aplaudir un corner o un lateral ofensivo en un 0 a 0 que tiene dos arcos sólo porque el reglamento así lo establece.
Los 4-4-2, 3-4-3 o 9-1 no servirán de nada si se olvidan de lo esencial: jugar a la pelota.
Volvamos a la normalidad: que la Playstation sea lo más realista posible no significa que los futbolistas sean los más ficticios posible.
La técnica siga siendo la condición elemental para jugar al fútbol, por encima del físico y la estrategia de turno.
La que corra más sea la pelota y no los jugadores. Que entiendan que los pases van más rápidos que ellos y que un pase corto puede ser más profundo que un pelotazo largo.
Tienen dos piernas para jugar, un pecho para amortiguar, una cabeza para cabecear y, sobre todo, para pensar.
No se olviden que entrenan únicamente dos horas diarias y que el club no cierra: si carecen de un gesto técnico, pueden hacer horas extras para perfeccionarlo. Después de todo, más allá de un sueldo, cobran “primas” y “premios”.
Como dijo Panzeri: lo antiguo puede no ser caduco, y lo moderno puede no ser progresista. Es moderno el antiguo pase al hombre desmarcado y es caduco el moderno intento de jugar pasando por donde no se puede, o intentando perforar adversarios.
Los centros intentan dirigirse a un compañero y no a la “olla” que algún relator poco amigo del fútbol habrá inventado.
Que los entrenadores, más allá de los nombres, las tácticas y estrategias que en la pizarra muy bien lucen, prioricen atacar a defender.
La máxima alegría en un partido de fútbol siga siendo celebrar un gol.
Los directores técnicos vuelvan a tener más injerencia en el trabajo que los preparadores físicos.
Atletismo se ve mucho cada cuatro años en los Juegos Olímpicos, y bastante nos conformamos con las trancadas de Usaín Bolt.
Se entienda que en los noventa minutos quien más juegue a la pelota, más cerca estará de jugar bien al fútbol y, por ende, más chances tendrá de conseguir la victoria.
No se olviden que juegan en un campo con un césped espléndido, con una moderna indumentaria que les seca la transpiración y un calzado tan cómodo como estar descalzo.
Si el resultado se presenta adverso, no se acuerden recién ahí que enfrenten tenían un arco para buscar. Y si esto sucede, ¡no se olviden de la pelota!
Los futbolistas logren aparecer más en los medios deportivos que en las revistas de chimentos.
Tienen que demostrar que, más allá de estar preparados para correr, deben demostrar que están preparados para saber correr la pelota.
Si corren con la pelota en los pies, es muy probable que transformen en lentitud la velocidad.
Si el futbolista “es lo más sano del fútbol”, primero demuestren que son futbolistas.
Jugar lateralmente es sólo un recurso y no una estrategia. El objetivo es convertir goles, y el arco está enfrente.
La picardía sea desconcertar al rival y no hacerlo expulsar. La tarjeta roja será una incidencia, pero no la esencia del propio juego.
En el fútbol se mira con los ojos, se piensa con la cabeza y se habla con los pies.
Se defiende sólo para recuperar la pelota. Por eso, cuando la tienen, cuídenla.
La cancha de San Lorenzo tiene el campo de juego más grande del país. ¡Qué ventaja tener espacios en estos tiempos!
Son jugadores de fútbol y, por ello, tienen que decirle con los pies a Borges que no tenía razón.
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