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“Puedo ser el diez de San Lorenzo”

de aricoronel
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Maximiliano Ripell llega a la confitería de la Ciudad Deportiva, se sienta y no pide nada para tomar porque desea hablar, mano a mano con MA, de su presente y de su pasado en San Lorenzo.

Enganche, dueño de panorama y de asistencias múltiples para los delanteros, Maxi tiene 20 años, nació en Misiones, llegó al Ciclón con edad de Octava y hoy está en Cuarta pero con un sueño que lo desvela: ser el diez del equipo del Turco Asad, algo que, según sus propias palabras, es posible. “Trabajo para eso y confío en mis condiciones”, dice convencido.

-¿Cómo empezaste a jugar al fútbol?

-Arranqué en mi provincia, Misiones, a los seis años. Siempre jugué al fútbol de salón, porque allá se juega mucho. Y jugué hasta los doce porque cuando tenía esa edad fueron a hacer una prueba de jugadores. Y ahí fue la primera vez que jugué en cancha de once y quedé con la posibilidad de probarme en Buenos Aires.

-Jugaste por primera vez en cancha de once y te dijeron: te queremos ver de nuevo.

-Si, fue sorpresivo. Jugaba de delantero, bien de punta y por afuera, y me fue bien. Al principio fue duro porque mi mamá no quería saber nada. Pero era lo que yo quería y por suerte me entendió. Mi viejo me apoyó.

-¿Con doce años dejaste Misiones entonces?
-Si, con doce años. Me probaron en River y estuve en ese club durante un año. Cuando cambian los coordinadores a mí me dejan libre, en 2005. Y en 2006 me probaron en San Lorenzo. Tras tres pruebas de fútbol me aceptaron, con edad de Octava.

-¿Cómo fue adaptarse a un ritmo totalmente distinto?
-Fue difícil…en cuanto al fútbol no, porque de chico no te dan muchas exigencias y me adapté rápido. Pero estar en Buenos Aires me costó mucho, extrañaba y me quería volver. Por suerte mi familia me apoyó y me dijeron que le diera para adelante. Me costaba salir a la ciudad. Ahora también: trató de estar en la pensión, de cuidarme, de estar bien, por las dudas.

-¿Qué impresión te dio San Lorenzo cuando llegaste?
-Muy bueno todo. Me dieron la chance y me siguen dando la posibilidad de estar acá. Al principio había quedado sin pensión pero con la promesa de que, si estaba dentro de los 16, me la daban. Así que me fui a vivir  a una pensión cerca de avenida La Plata y fue duro. Estábamos solos: el dueño de la casa se daba una vuelta cada tanto y se hacía muy complicado. Pero estuve así solamente tres meses. Después me quedé en la pensión.

-¿Cómo pasas de jugar de delantero a enganche? Cambio jugado el tuyo en una época en donde el puesto está, para algunos, en extinción.
-En el primer año en el club jugué de delantero. Y en el segundo año Cristian Gómez me hace enganche. Me dijo que había muchos puntas y era bastante complicado pelear el puesto. Y le dije que sí, que no había drama y me gustó. Agarraba la bola seguido y me sentía cómodo.

-¿Qué clase de diez sos?

-Al principio encaraba mucho y no le prestaba atención al juego. A medida de que fue pasando el tiempo mejoré mucho, cambié. Hoy me gusta tener la pelota, hacer jugar a mis compañeros. Me siento muy bien si meto un pase gol.

-Perdiste el egoísmo del delantero.

-Totalmente. Antes era individualista. Y hoy no tengo problemas en meter una pelota de gol. Si hago un gol mejor, porque un enganche con gol suma, pero me encanta asistir.

-¿En qué momento dijiste: yo en esta institución puedo jugar?

-Siempre confíe en mis posibilidades. Hace seis años que estoy acá aunque en Sexta sentí que tuve un buen paso. Jugué bien, pasé por la Selección, estuve en Reserva. Creo que ese año me levantó muchísimo y sentí que podía jugar bien al fútbol. Lamentablemente, al otro año no pude jugar mucho y recién ahora estoy tomando confianza de nuevo.

-En aquel año que mencionas, hiciste una gran dupla con Salguero.

-Si, Salguero terminó con 18 goles y fue el goleador del torneo. Y yo hice 13. El Pela es un amigo y me entiendo mucho. Al jugar tanto tiempo con una persona te entendés, lo conocés bien. Le di posibilidades de gol y él me cedió también chances.

-¿Cómo haces para jugar con tanto doble cinco dando vuelta en mitad de cancha?
-Es complicado porque se junta mucha gente en el medio. Pasa que por lo general, los que juegan de cinco, no se sienten cómodos jugando en esa posición, compartiendo la mitad de cancha. Por eso, se pierden o juegan mucho en línea. Y ahí es donde te tenés que mover a la espalda de ellos.

-¿Los técnicos valoran a un enganche?

-Sí, creo que sí. Aparte se fijan mucho en el movimiento que tenemos nosotros. A veces, cuando se para un doble cinco contra otro doble cinco, se complica porque hay mucho juego en el medio. Y tener un enganche facilita las cosas porque tiene libertad para moverse y generar lío.

-Hoy ¿Te presta atención el Gallego González?

-Por suerte, sí. Empecé mal porque no jugaba y tenía pensado volver a mi casa. Pero el técnico me habló y me dijo que confiaba en mí y me iba a tener en cuenta. Me dio la oportunidad, los dirigentes también y estoy jugando, me siento bien junto a gente como Sergio y Néstor que me ayudan un montón, y toda la gente de la pensión Ahora sólo pienso en devolver la confianza que se depositó en mí.

-El hecho de que no existan tantos enganches en el club ¿Hace que tu fe se incremente?

-Obvio, me siento bien con eso. Están el Pipi, Seba González y Pinky Cabrera. Así que eso me da mucha confianza a mí, siento que puedo jugar tranquilamente.

-¿Te ves más parecido a Seba González o al Pipi?

-El Pipi cuando estaba bien físicamente era distinto. Ahora se cuida más, no corre sin sentido, sabe cuándo tiene que salir a presionar, no se desgasta. Y yo soy un jugador para pensar, para poner pelota de gol. Estoy marcando más en comparación a otros años, corro más. Así que creo que si, tengo algo del Pipi.

-¿Podés ser el diez de San Lorenzo?
-Trabajo para eso, seguro. Confío en mí, creo que puedo jugar en la Primera de este club. Crecí mucho mentalmente y te digo que estoy capacitado.

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