De lo que menos tenemos ganas de hablar es de violencia. Estamos cansados de tener que nombrar heridos, detenidos y muertos en lo que respecta a fútbol y otros hechos afines a la diversión y esparcimiento. Ya son más de 250 las personas que perdieron sus vidas y no queremos que vuelva a ocurrir esa situación, bajo ningún punto de vista.
“El teatro Colón del fútbol” se está transformando en una trampa mortal para muchos. Si nos remontamos a los últimos dos años, tres seres humanos dejaron de vivir por problemas de diversa índole.
El primer hecho de violencia que llamó la atención fue la muerte de Rubén Carballo, joven de 17 años, que acudió al estadio de Vélez para ver el recital de “Viejas Locas”. Concurrió con varios amigos, quienes perdieron al joven y recién tuvieron conocimiento del mismo, cuando se enteraron que estaba internado con fractura de cráneo y muerte cerebral. Los efectivos encargados de la seguridad (Comisaría 44º) afirmaron que el adolescente “al verse imposibilitado de ingresar por la puerta de entrada, habría subido a la autopista 25 de Mayo y al intentar saltar hacia una red para bajar luego a un sector que lindaba con el estadio, cayó y eso produjo la fractura que hoy lo tiene en coma profundo”, una versión con demasiada imaginación.
Lo cierto es que al llegar su familia al Centro Gallego, sanatorio donde estaba internado, lo encontraron con marcas de bastonazos y secuelas de balas de goma. Si bien no se realizó una autopsia en ese momento, la familia cree que los efectivos de seguridad acabaron con su corta vida.
Pero antes de llegar a Ramón Aramayo, tenemos que remontarnos a septiembre de 2010. Luego del partido entre Vélez y River, un simpatizante millonario (Walter Paz) sufrió un ataque de epilepsia y se dirigió a la enfermería del club local. Una vez que llegó hasta ahí, la policía (Otra vez la comisaría 44º) le informó al joven que la ambulancia no tenia acceso hasta ese lugar y en unos minutos, falleció. Luego, el Jefe del operativo informó que se hizo todo lo debidamente correcto, pero no se le pudo salvar la vida.
Tras los dos episodios anteriores, llegamos a Aramayo. Mas allá de que todavía no se puede confirmar la causa de la muerte, las fotos y videos muestran el maltrato policial. Otro punto que llama la atención fueron los desvíos de los micros que trasladaban a los hinchas y jugadores azulgranas, por sectores donde ingresaba la parcialidad local.
Pero lo que más llama la atención son las declaraciones encontradas entre la gente del SAME y la Policía Federal. Alberto Crescenti, titular del SAME expresó que encontraron a Aramayo con “politraumatismos”, mientras que los uniformados (Nuevamente comisaría 44º) aseguraron que pasó el cacheo y se desvaneció a 50 metros. Los videos muestran el hostigamiento policial, lo que hace suponer que no es del todo cierta la versión de la seguridad. La ambulancia tardó más de 45 minutos en asistir al hincha de San Lorenzo.
En los tres casos mencionados se cuestiona el accionar policial a la hora de prevenir, pero quedan algunas dudas sobre si se realizó todo lo posible para salvarles las vidas. Carballo quedó tirado en la calle al igual que Aramayo, mientras que el joven hincha de River le ocurrió lo mismo en la enfermería velezana.
Lamentablemente, tenemos que hablar de varios episodios de violencia en el mismo estadio y en tan sólo dos años. Hay varias cosas que corregir, pero todo apunta a un mal funcionamiento de la Comisaría 44º, encargada de los espectáculos en el estadio de Vélez.
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